lunes, 12 de diciembre de 2016

XXXI

Cristock se encerró en el baño, bajo llave, y se duchó junto al montón de huesos. Intentó hacerlo con cuidado de no llamar la atención de su mujer con los ruidos de los huesos contra la porcelana. El agua tibia recorría los surcos y redondeces del esqueleto, y Cristock repasaba con sus manos cada curva y orificio de aquel cráneo que lo tenía totalmente pasmado. Aumentó la presión del agua caliente, pero continuó temblando ante lo que tenía en su poder. Ahí lo estaba, desnudo, arrodillado bajo la ducha, y sin parar de tiritar como un bebé, el hombre responsable del mayor descubrimiento de la humanidad. Sea cual fuere el significado de Tierra 2, si el mismo planeta u otro distinto, el concepto general ya superaba la majestuosidad de cualquier otro hallazgo en la historia. 


—..., Cristóbal Colón, Neil Armstrong,...— Son muchos los personajes que pasaban ahora por la mente de Cristock, y no como pensamiento ególatra sino con el fin de mentalizarse él de algo que le superaba. Como científico sabía y era consciente de la importancia de su descubrimiento, a priori insuperable, pero como persona se sentía agobiado como un niño ante su primer día de clase; hasta el punto de no atreverse ni a salir del cuarto de baño. Y es que, por mucho que intentase auto convencerse de otra cosa, todos esos nombres de los más grandes científicos y descubridores deberían pasar, tarde o temprano, a un segundo plano ante su propio nombre: Cristock Earl.

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