viernes, 3 de octubre de 2014

II

Una noche, estando Cristock sentado en su asiento frente a la pantalla del observatorio, sucedió un hecho que cambiaría su vida, al menos la suya, para siempre. Estaba estudiando una espectacular nebulosa, la cosa más colorida que había visto nunca; se atrevería a jurar que incluso había colores que no existen en la Tierra, aunque eso, claro, sería imposible... Era ya muy tarde, y quizás no debía haber bebido aquel whisky antes de ponerse a trabajar; no obstante, el alcohol nunca le había causado ningún problema en el trabajo sino todo lo contrario ya que “le sirve para espantar a los fantasmas y concentrarse en sus proyectos", según él dice. Y debía ser cierto porque hasta ahora no había hecho otra cosa que triunfar en casi todos los proyectos que ha llevado a cabo, incluido por supuesto la propia Lente Espía: la única construcción humana visible a simple vista desde el espacio.

Respecto a los fantasmas de Cristock, saber que no es más que una forma suya de justificar su manía persecutoria, y por eso excepcionalmente necesita de una "medicina" recetada por él mismo para olvidarse de sus alrededores inventados y prestar atención a su trabajo; cosa que en estado sobrio le resulta realmente difícil.

Curiosamente, fue su pequeña petaca de whisky la que le enredó en lo que será la mayor aventura de su vida y, quizás, la de todas las vidas en la Tierra...

—¡Menos mal que estaba cerrada!— Cristock tiene costumbre de enroscar el tapón de su petaca cada vez que le da un trago, pues esto le auto convence de no volver a dar otro sorbo hasta dentro de un rato (aunque no siempre lo cumple). Y menos mal que la petaca estaba cerrada cuando sin querer le dio con el brazo y la tiró sobre el controlador de coordenadas, pues de haberse derramado el whisky sobre semejante ingenio informático, serían necesarias muchas horas de reparación y por tanto el mismo tiempo de inhabilitamiento para el telescopio. Por consiguiente, su afición a la bebida habría de provocar muchas críticas que, no sólo aumentarían su manía persecutoria, sino que lo obligarían a trabajar sin su medicina caza fantasmas.

En cualquier caso, nada de esto ha ocurrido. Lo que sí ha pasado es lo siguiente: la petaca presionó ciertos botones que han creado nuevas coordenadas totalmente arbitrarias. Cristock se da cuenta de ello y se dispone a cancelarlo para seguir con el estudio de su nebulosa, que por cierto...


—¿Qué nombre le pongo?— Pensaba Cristock mientras vislumbraba aquel arcoíris espacial. —Le prometí a mi hija que le pondría su nombre. El problema es que le prometí lo mismo a mi mujer… ¿Abby? ¿Eleanor? No sé. La verdad es que preferiría llamarle Abby. Que no se enfade mi mujer pero su nombre no me acaba de convencer para una nebulosa.  Eleanor... Quizás para un asteroide ¿?— Y mientras cavilaba en el tema, se volvió a fijar en las coordenadas introducidas “por su petaca" y se dijo, —¡Qué diablos! A ver hasta dónde nos lleva el libre albedrío. Ya tendré tiempo luego de volver a mi nebulosa.— Fue entonces cuando presionó el botón de INTRO y el telescopio comenzó a moverse...


Nunca más regresará a aquella nebulosa.