viernes, 11 de julio de 2014

XIV

LA LENTE ESPÍA
Capítulo 3
                                              
Ahí estaban, los neandertales, saliendo uno tras otro de la caseta metálica. Todo esto ya lo había visto, así que adelantó la imagen, a cámara rápida, hasta el momento en que había apagado la pantalla, cuando aparecieron los cuatro "duendes". Le da al play y revive la escalofriante escena de los cuatro extraños personajes mirando al cielo / a Cristock. Mantuvieron su vista en lo alto durante un breve instante, menos tiempo incluso del que Cristock recordaba, y eso que la imagen en “directo” la había tenido que cortar por culpa de la llegada de Franklin, pero sin duda el terror de aquella visión le había parecido interminable.

Después de esto, los personajillos parecían estar conversando entre ellos. Le costaba a Cristock darse cuenta de ello porque los duendes no gesticulaban prácticamente, al menos no con el cuerpo, y sus posibles gestos faciales eran difícilmente apreciables a esa distancia y perspectiva; no obstante tampoco parecían gesticular con el rostro. En cualquier caso, la posición de los cuatro, reunidos en círculo y mirándose unos a otros, daba a entender que una conversación estaba sucediendo en aquel momento. —¿Qué estarán hablando?— ... —Kuak Mak Taki Muak!!— Por asombroso que parezca, Cristock, influenciado por el sueño que ya le estaba golpeando con fuerza, estaba imitando el sonido de unos supuestos extraterrestres, como si de un doblador de películas de ciencia ficción de serie B se tratase.

Salió del interior un quinto duende, acompañando éste de un neandertal que llevaba atado por una cuerda. Como si fuera un perro, tal cual, el neandertal intentaba salir corriendo pero no podía; la cuerda se lo impedía. Era una cuerda de aspecto metálico que parecía emitir pequeñas descargas eléctricas a cada reacción violenta del neandertal. Resultaba un espectáculo de lo más denigrante para el homínido y, aunque los duendes permanecían físicamente impasibles, a Cristock le daba la sensación de percibir carcajadas burlonas de su interior.

Cuando el torturado neandertal cesó en su intento de escaparse al bosque, los duendes le quitaron la cuerda. Pero estaba ya exhausto y no se movió de donde estaba. Los cinco duendes esperaron un tiempo a que reaccionase, pero nada. Entonces, uno de ellos se acercó al neandertal y le pegó una patada con la planta de su pie en el trasero, quien cayó al suelo, reaccionó por fin y salió corriendo en la misma dirección que antes corrieron sus compañeros. Y de nuevo Cristock, influenciado ya por un sueño inhumano, había soltado una pequeña sonrisa al observar este momento que tanto le recordaba a los gags del cine mudo. Y es que la imagen de Tierra 2, sin sonido y con un sólo punto de vista en plano general, tenía bastante en común con las sensaciones que transmitía el cine mudo y el teatro de pantomima. La única diferencia era que los duendes tenían muy poco de expresivos, al contrario que los mimos del teatro y los cómicos del inicio del cine. —Bueno, también está Buster Keaton... — Además de la inexpresividad, los duendes caminaban dando pasos muy cortos que recordaban al movimiento acelerado de las viejas filmaciones, a 16 fotogramas por segundo.

Tras la escapada del neandertal, los duendes se colocaron en círculo de nuevo, y de nuevo parecían estar riéndose de la situación. Esta vez uno de ellos incluso hizo un movimiento con la cabeza que, Cristock, malintencionadamente, interpretó como una expresión de burla. Seguidamente se fueron metiendo uno por uno en la caseta. El último, antes de entrar, volvió a mirar al cielo, y un inevitable escalofrío recorrió la espalda de Cristock. —Y menos mal que sólo es una grabación... —


El duende llamó a sus compañeros y salieron todos corriendo al exterior para mirar al cielo. De pronto la imagen se volvió negra durante un par de segundos. —Pero... ¡¡Qué pasa ahora!!— Y en seguida apareció de nuevo la caseta, pero ahora no había ningún duende merodeando; habían desaparecido todos. —¿Dónde se han metido?— Y fue entonces cuando el vídeo llegó a su fin; dejando a Cristock, como ya venía siendo habitual, con más preguntas que respuestas.